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El servicio como expresión de nuestra fe

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Este domingo celebrará la Santa Madre Iglesia: la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Debería hacernos reflexionar y discurrir sobre la incidencia de las enseñanzas de Jesucristo es nuestra vida política, dado que «a él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servirán. Su poder es un poder eterno, no cesará. Su reino no acabará» (Dn 7, 14).

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Es preocupante y algo contradictorio que la mayoría social de los pueblos latinoamericanos se encuentran viviendo en condiciones de miseria y hambre, cuando la mayoría de su clase política se considera católica, apostólica y romana, no tanto así en España, donde la mayoría de los políticos —en su afán de contentar a la izquierda radical— temen que se les etiquete de beatos.
Es necesario llevar a cabo una reflexión, seria, profunda y objetiva acerca de la influencia de la fe en la vida política y valorar su disfuncionalidad, observar de qué manera es un elemento importante a la hora de configurar la política laboral, familiar, social, económica y política. No debemos contentarnos los católicos con que algunos politicuchos, en su afán de ganar algunos votos, se declaren simplemente católico, pero nominales. ¡Cuidado! Hay muchos zorros sueltos que con tal de pescar votos, sin dar palo al agua, son capaces de hacerse pasar hasta por monjes.

Hoy la mayoría de los partidos políticos han degenerado en estructuras de compadreo, de amiguetes, de clientelas y de enchufes. No se tiene en cuenta el grado o el nivel de formación del aspirante político, ni se les pide cuenta de sus compromisos adquiridos en tiempo de campaña con la sociedad. Al parecer no ha cambiado nada la política del siglo XXI, por ejemplo en España, «en los primeros años de la Restauración abundaban los distritos conocidos coloquialmente como mostrencos, en los que el gobierno podía encasillar sin problemas a cualquier diputado cunero, es decir, que no hubiera nacido ni residiera en el distrito, ni tuviera ningún otro vinculo con él» (M. Martorell.- S. Juliá, Manual de historia política y social de España, Edit. RBA, Barcelona 20163, 153).

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La sociedad debe de exigir a la clase política una reforma sustancial de sus estructuras, con el fin de establecer una vinculación directa del aspirante a diputado con el pueblo. No solo deben de aparecer los políticos tan humanos y cercanos en tiempo de campaña, sino que deben de procurar y desvivirse por conocer las heridas y problemas de sus ciudadanos, para luego dejarse la piel en los Parlamentos. Eso está sucediendo en la campaña autonómica iniciada el 20 de noviembre, donde varias fuerzas políticas aspiran a presidir la Junta de Andalucía.

En Hispanoamérica, dado que es harina de otro costal, el problema es otro. Los esfuerzos institucionales de las distintas fuerzas políticas deben orientarse en crear partidos políticos que configuren un proyecto político sobre unos valores, principios y fines a alcanzar. Es un imperativo democrático construir una nueva cultura política, a fin de evitar dictaduras revestidas de democracia, tal como sucede en Venezuela, Nicaragua y está por acaecer en Bolivia. Partidos de personalismo puro y duro. El servicio político, por su propia naturaleza, es un servicio al pueblo y no que el pueblo sirva, alabe, ensalce y inciense al político.
El pueblo debe de levantarse pacíficamente y exigir, le asiste su derecho, a la clase política, moralizar sus acciones. Es el único antídoto para erradicar la corrupción que machaca a nuestros pueblos.

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Jesús predico y vivió el servicio, la fraternidad, la justicia, el amor y el respeto. Si la clase política se considera católica, debe servir como sirvió Jesucristo, con la vida, con sus gestos, con su cercanía, con su escucha al pueblo. Político que no escucha al pueblo, se coloca por encima de él y lo esclaviza. Todo servidor público debe de saber que la respuesta dada por Jesús a Pilato —ante su arrogancia de presumir autoridad— es vinculante para todo político que se considere vinculado espiritualmente y existencialmente con Jesús: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto» (Jn 18, 11). No tendrías autoridad sobre tu pueblo si no te la hubiera dado el pueblo. Esa confianza hay que gestionarla e invertirla en mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos. No en mejorar nuestras vidas a costa del pueblo.
¡Feliz día de Jesucristo, Rey del Universo!

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Roly Gutierrez
Licenciado en Estudios Eclesiásticos (Baccalaureatus in Theología), por la Facultad de Teología de Granada. Licenciado en Teología Fundamental por la Pontificia Universidad Antonianum, Facultad de Teología del Instituto Teológico de Murcia OFM

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